Monday, October 02, 2006


Robert Lowell - Norteamérica (1917-1977)



COLOQUIO EN BLACK ROCK


Aquí el martinete hurga el océano;
corazón mío, tú corres y vacilas y reclamas
más gangas de sangre para tus percusiones de bronces negros,
resonando en este címbalo de una mano,
me convierto en una tuerca rechinante y suelta.
Todas las discusiones terminan en bajamar, hundimiento
y melancolía y muerte.
Corazón mío, late más rápido, más rápido.


En Black Mud los mecánicos húngaros dan su sangre
al mártir Esteban que fue lapidado.


Black Mud, un nombre mediante el cual rogar:

oh barro para sandías desventradas hasta la cáscara,
barro para la bahía con la marea del muelle,
barro para el ratón,
barro para las blindadas barcazas pescadoras Diesel
que por un año y un día golpean al viento, al óxido del oleaje
y la palpitación y el temblor que sacude mi casa
hasta Jericó, muerte de arcilla y trompeta.
Corazón mío, late más rápido, más rápido.


En Black Mud Esteban el mártir fue destrozado hasta desangrarse:
nuestra redención es el pedregal de su muerte.


Cristo camina sobre las negras aguas.
En Black Mud vuela como saeta el martín pescador.
Sobre Corpus Christi, corazón sobre el redoble del tambor del
coro de San Esteban yo oigo, Stupor Mundi
y del barro vuela de sus alas en sacudidas
y del pico, oh corazón mío,
el azul martín pescador sobre ti se zambulle en fuego.



COMO UN PLÁTANO JUNTO AL AGUA


Las tinieblas atrajeron tinieblas y la ignominia
se abre paso por nuestras ventanas en esta planificada
Babel de Boston donde nuestro dinero habla
y multiplica las tinieblas de una tierra
de preparación donde la Virgen camina
y las rosas enmarcan en espiral su esmaltado rostro
o caen en astillas sobre calles resecas.
Nuestra Señora de Babilonia, pasa, pasa,
yo fui una vez la niña de tus ojos;
moscas, moscas sobre el plátano, en las calles.


Las moscas, las moscas de Babilonia
zumban en mis tímpanos mientras el diablo con el prolongado
canto fúnebre de la gente hace detonar la hora
de las flotantes ciudades donde su áurea lengua
embruja a los albañiles de la Torre de Babel
para que levanten la ciudad de mañana hasta el sol
que jamás se pone en estas infernales calles de Boston,
donde la luz del sol es una espada golpeando
al que contempla al Señor:
moscas, moscas sobre el plátano, en las calles.


Moscas invaden las aguas milagrosas del helado Atlántico
y los ojos de Bernadeta que vieron a Nuestra Señora de pie
en la gruta de Massabielle, la vieron con claridad tal
que su visión cegó los ojos de la razón.
La tumba está abierta por completo y absorbida en Cristo.
¡Oh muros de Jericó! Y todas las calles
que conducen a nuestra muralla atlántica cantad:

"Cantad, cantad por la resurrección del Rey."
Moscas, moscas sobre el plátano, en las calles.



ENTIERRO



Seis o siete golondrinas
se dejan arrastrar por la brisa del aire
aprovechando el juego de su vuelo veloz
como si alguna vez las reclamara...
Disminuyen las moscas alrededor de mi cabeza.

Una insaciable avispa me encuentra en su camino,
atacando, saqueando, a punto de picarme...
Acariciando, oliéndome, obligada
por la armonía carnívora de la naturaleza.

La muchachita ha puesto con cuidado
un trozo irregular de piedra pómez
sobre la tumba de un cuervo;
en blanca letra gótica, con tiza,
como en carta de amor ha escrito ella:
"Para Charlie que ha muerto esta pasada noche."

En este último mes murió tu padre,
él está ya enterrado...,
mas no lo suficientemente hondo
como para que no pueda flotar vivo,
igual que hace una pluma,
sobre la superficie del recuerdo.



Agua, de Por los muertos de la Unión

" Era una ciudad de langostas de Maine, cada mañana botes llenos de manos partían hacia las canteras de granito de las islas, y dejaban atrás docenas de desnudas casas blancas de madera adheridas como conchas de ostra a una colina de roca. Y debajo de nosotros, el mar lamía los desnudos y pequeños laberintos de palos de cerilla de una esclusa, dónde se atrapaban los peces para cebo. Recuerdas? Nos sentábamos en una laja de roca, desde esta distancia en el tiempo, parece del color del iris, pudriéndose y volviéndose más púrpura, pero no era más que la habitual roca gris que se volvía del habitual color verde cuando el mar la empapaba. El mar empapaba la roca a nuestros pies todo el día y continuaba arrancándole trozo tras trozo. Una noche tú soñaste que eras una sirena aferrada a un pilón de un muelle, y que intentabas arrancar los percebes con las manos. Deseábamos que nuestras dos almas pudieran regresar como gaviotas a la roca. Al final el agua resultó demasiado fría para nosotros. "


Red de pesca, de El Delfín

" Cualquier cosa que nos ciega de sorpresa, tus silencios vagabundos y resplandecientes descubrimientos, delfín liberado para capturar el parpadeante pescado...diciendo demasiado poco, después demasiado. Los poetas mueren adolescentes, su ritmo les embalsama, las voces arquetípicas cantan desafinadas, el viejo actor no puede leer a sus amigos, y no obstante se lee a si mismo en voz alta, el genio mata con su zumbido el auditorio, la línea ha de terminar. Y aún así mi corazón se alza, sé qué he alegrado una vida anudando, deshaciendo una red de cuerda embreada, la red colgará de la pared cuando los pescados hayan sido comidos, clavada como bronce indescifrable, el futuro sin futuro. "



Sudor nocturno, de Por los muertos de la Unión

" Mesa de trabajo, morralla, libros y lámpara de pie, cosas simples, mi equipo atascado, la vieja escoba, pero estoy viviendo en una habitación ordenada, hace ahora diez minutos que estoy sintiendo la acechante humedad flotar sobre el desvaído blanco de mi pijama. La dulce sal me embalsama y mi cabeza está húmeda, todo fluye y me dice que es así como debe ser, la fiebre de mi vida está empapándose de sudor nocturno, ¡una vida, una escritura! Pero el deslizamiento hacia abajo y el prejuicio de existir nos estrujan hasta la sequedad, siempre está dentro de mí el niño que murió, siempre está dentro de mi su voluntad de morir, un universo, un cuerpo...en ésta urna la noche animal suda por el ardor del espíritu. ¡A mi espalda! ¡Tú! De nuevo siento la luz aclarar mis plomizos párpados, mientras los caballos de gris cráneo relinchan pidiendo el hollín de la noche. Yo jugueteo en el abigarramiento del día, un manojo de ropas mojadas, descosidas, tembloroso, veo mi carne y mi lecho bañados de luz, mi niño explotando en dinamita, mi esposa...tu ligereza lo altera todo, y desgarra la negra tela del saco de la araña, mientras tu corazón salta y aletea como una liebre. Pobre tortuga, galápago, si no puedo aclarar la superficie de éstas agitadas aguas aquí, absuélveme, ayúdame, querido corazón, mientras soportas el peso muerto y los ciclos de éste mundo sobre tus espaldas. "

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